¡Hola cibergente! Cuánto tiempo sin pasarnos por aquí. Como algunes sabrán, muchas cosas que antes bajaba por aquí ahora son enviados por medio de NEWSLETTER. Por ende, el blog va a estar reservado a posteos de mayor extensión, con una modalidad de varias entregas sobre un mismo asunto, porque así lo merecen los momentos que atravesamos: profundidad, complejidad y reflexión. Sobre todo: tiempo. En este caso, nos dedicaremos a los primeros acercamientos a Neptuno en Aries, que inicia su tránsito este año, ahora mismo.
“Nowness”, o ahorismo como idealización del presente
Parte de la época que inaugura este tránsito es una alteración de nuestra percepción del presente. Lo que Neptuno siempre otorga es una distorsión sensorial, especialmente a quienes lo reciben en cuadratura (Cáncer y Capricornio) u oposición (Libra). Neptuno como significador de épocas históricas y generaciones, sumerge una década en las luces y sombras del signo que transita.
Como se trata de Aries, el que inaugura el Zodiaco, me parece importante empezar por hoy, el aquí y ahora, y dejar la historicidad para la reflexión final, el año que viene, para el contraste. La batalla es con la historia.
¿Qué fue lo primero que observé con Neptuno entrando en Aries? Durante el fin de semana, hacia el 30 de marzo, aparecen por todos lados imágenes del estilo Ghibli. Si bien la app china que las genera (Ghibli AI Filter) se volvió viral en abril-mayo 2024, usada en TikTok e Instagram, la cuestión llegó al punto de que Miyazaki, el director y co-creador del Estudio Ghibli, podría denunciar y llevar a juicio a la empresa de ChatGPT.
Debido a la reciente actualización de ChatGPT del 25 de marzo, que integró automáticamente el filtro Ghibli, se volvió sumamente instantáneo la alteración de imágenes para recrearlas. Un fenómeno global de ghiblización, ya no del mundo, sino de la historia. El eco del efecto va hacia atrás, porque es sobre la imagen del pasado que se trabaja.
En este juego viral, lo ariano no va hacia adelante, sino que carga contra el pasado, que en la realidad de sus fotos, parece demasiado real. La neptunidad le da ubicuidad a la fantasmagoría, donde el pasado se vuelve presente, y a través de la fantasía, cierta infantilidad también retorna.
Me tomé, por supuesto, un ratito para preguntarle a la inteligencia artificial china deepseek —esa que es barata, ecológica ygratuita— por qué pasó esto, si ya existían estas disponibilidades. Me resulta interesante que la ballenita señala que los altgoritmos de redes sociales potenciaron el uso del efecto, y cito:
Plataformas como TikTok priorizaron contenido "mágico" y visualmente atractivo.
Es decir, no solo por la facilidad e inmediatez del uso, sino que los algoritmos movieron los hilos para que esto se vuelva popular a escala global, cosa que sucedió mientras Neptuno entraba en Aries. Por ese motivo, le estoy dedicando estas líneas.
¿Y qué tiene que ver eso con el ahorismo? Lo que parece resaltarse de esto, es que por un momento toda la historia se hizo presente, a través de una misma estética. Por toda la historia me refiero a un potencial: toda imagen, existente o no, podría ghiblificarse, y pertenecer al mismo universo. El poder de convocatoria de la estética ghibli es enorme, porque evoca a las historias originales de ese estudio, que han logrado calar profundo en la sensibilidad de la audiencia.
Este primer fenómeno que observo es eso, una sincronía. Que de pronto la multiplicidad de vectores históricos pueden ser parte de un solo universo, anteriormente reservado a ciertas narrativas. Con esta función, no solo se plantea una apropiación estética, sino una asimilación forzada. Si todo se vuelve ghibli, lo que era historia se vuelve fantasía, que es otra forma de decir ficción. Eso que ya no es simultaneidad, sino disolución en el acto, es lo que interpreto como ahorismo. Un filtro visual que ya no deforma, sino que unifica anulando los matices humanos que hacen a la historia en sus registros visuales. Achica la historia al abreviarla a la singularidad de un universo unificado por factores estéticos. Y todo esto, claro, en potencial, porque no está hecho, sino que puede ocurrir, ya que toda imagen está en riesgo de ser ghiblificada.
El hecho de que una estética que a priori nos evoca melancolía, dulzura, nostalgia, diversión y fantasía, se convierta en una potencial amenaza, es un claro síntoma de Neptuno en Aries. Otro lado de este fenómeno, es que hayan expresado que las computadoras de donde sale GPT —donde “vive”— se derretían por el excesivo uso simultáneo, no es menor. Una computadora se derrite cuando está caliente, prendida fuego. Por eso tuvieron que limitar el acceso a esa función, para que no colapsara. Cosa que también evidencia la necesidad de fantasía que hay en la sociedad. El hecho de que la simultaneidad global del uso haga colapsar una tecnología, es también un signo de la época.
Otra forma de decirlo, es una idealización del presente que hace colapsar toda la línea temporal en un solo punto, haciendo que el momento actual sea aquel que trasciende su propia temporalidad. El “estar aquí” virtual como vehículo de conectividad con el resto del planeta. El ser como algo mediado puramente por el presente, y no por su propia historia.
¿Qué tipo de subjetividad aparece cuando no hay historia? O cuando la historia se resume solamente en el presente, sin un contexto que le aporte sentido, cuando la historia es solamente una estética, que si bien comunica emociones desde lo visual, carece de la profundidad de significado. ¿Qué le queda al sujeto sin una historia de la cual aferrarse? ¿Y cómo estas dinámicas abren una nueva modalidad de subjetividad colectiva?
Neptuno es el responsable de las alienaciones, falopas y confusiones de cada época. Durante su estancia en Piscis, pudimos observar cómo el uso de las pantallas se exacerbó, y devino en la distorsión de la frontera que separaba lo virtual de lo real, poniendo en disputa lo evidente de la experiencia física. Desde los filtros de Instagram a la existencia de imágenes generadas por IA, todo lo visible está puesto en duda, y es tanto verdad como ficción.
Un poco cuesta decirlo, pero realmente vivimos en una nube de pedo. Neptuno en Piscis es esa nube de pedo que se está disipando lentamente, arrojándonos a una cruda visión del mundo en su resaca digital, en el que nos vamos a reencontrar con la necesidad de conectar de nuevo con la presencialidad durante Neptuno en Aries. El problema es cuando el presente, la voluntad, el deseo y la individualidad, se vuelven las nuevas alienaciones. Y más aún, cuando son idealizados porque colectivamente se es parte de un mismo fenómeno, al punto de colapsar las computadoras que habilitaron la fantasía y el escapismo de la propia subjetividad. El ahorismo ni siquiera supone una consecuencia, porque no hay temporalidad, y el ser se absolutiza en una espacialidad virtual sin límites, aunque su soporte material si los tenga. Límites que llegan a través de la crisis climática.
En definitiva, ¿hasta dónde llegan los límites de la identidad y del ser cuando todo es posible en la virtualidad? ¿Cuánto de la totalidad del ser puede alcanzarse a través de la imagen, de la virtualidad, del otro lado de la pantalla? Cuando nos damos cuenta cómo nuestra identidad fue mutando con el devenir de los contextos sociales y políticos: ¿estamos en condiciones de aceptar que el relato neoliberal sobre el extractivismo inagotable a fuerza de deseo e infinitas potencias identitarias están llegando a un tope?
Me encantaría leer sus comentarios al respecto. Seguimos en la próxima entrega!
Abrazos,
XSIS





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