¡Hola cibergente! Bienvenides a esta primera para dentro del tour de posteos del 2024. ¿Saben por qué no es raro que estemos sintiendo tanta angustia? Porque socialmente nos estamos dando cuenta que algo está terminando. Si de verdad sentimos tanta falta de certeza hacia el futuro, es porque de algún modo, nos estamos quedando sin libreto. Sin manera de saber con firmeza o convicción qué nos espera.
En otro momento, la vida era bastante predecible: el calendario ofrecía cierta solidez, las actividades eran pactadas con palabras y no con reacciones de emojis. Había cierto compromiso con el uso del tiempo y las instituciones tenían un mayor porcentaje de defensores de su status quo, lo que las hacía funcionar más eficientemente, mas allá de la corrupción, que es una constante a lo largo de la historia de los poderes. Es decir, también era predecible.
Pero cuando pienso en las dinámicas actuales, veo que las instituciones son fácilmente perforables, invadibles, deformables. Que sus tradiciones y filosofías ya no logran continuar y sostener su estabilidad a lo largo de las generaciones que las conducen. Porque más allá de los paradigmas políticos, había cierto respeto a la palabra instituida. Un deber y un sentido moral que nos hacía aguantar su burocracia.
Las perspectivas del futuro eran otras, eran ubicables en el tiempo, en un proyecto. Su escala era dimensionable al montarlo sobre este panorama predecible. Cuando las condiciones son tan cambiantes como ahora, la escala del futuro pierde sus dimensiones actuales –porque el futuro se hace del presente–. Entonces algo pequeño se torna gigante como en un efecto óptico, no de proximidad sino de reconversión. El futuro se va deformando constantemente, saliendo de las líneas que le trazamos encima para entender su forma. No es que no exista futuro, como dicen. Existe y ya no es uno solo.
Porque si de algo nos sirve entender que se nos está terminando la cinta, es que tenemos que cambiar de cassette. Ay, ¡qué antigua! Y si, porque no tengo ganas de decir “vaciar la memoria”. Porque justamente, se trata de lo contrario. Ese es el cassette que nos vendieron la última vez que los planetas transpersonales, todos, estuvieron a punto de cambiar de fase en simultáneo, entre 1995 y 1998.
Los engranajes lentos – Ciclo de transpersonales
Cada ciertos años, en cantidades que superan la actual expectativa de vida de una persona, los planetas transpersonales hacen uniones y sintonías que permiten leer cuando estamos en presencia de un cambio de época.
La última vez que compartimos esta vivencia de cambio de época, fue en los años en que Urano y Neptuno se unieron –reiniciando un ciclo que resetean cada 171 años–, compartiendo un gentil contacto con Plutón, entre 1990 y 1998, específicamente en 1993, culminando en la advenida del nuevo milenio. Es decir, los tres generando sus aspectos fueron cambiando de signo, de tierra/agua a aire/fuego, como ahora. Cuando un planeta transpersonal cambia de signo, lo hace de manera lenta y progresiva, generando claroscuros y una gradualidad en la instalación del nuevo programa vibratorio que implica el cambio de signo.
Actualmente, en el año 2024, presenciaremos el inicio de este movimiento, especialmente con la última conjunción de Marte a Urano en Tauro. Que en verdad, comenzó el año pasado, pero como es gradual, cada paso aumenta su potencia. Aquí entramos en el segundo momento, que va a culminar en julio 2026, con una grandiosa y fabulosa configuración planetaria conocida entre la créme astrológica como “la gran canasta”, y la primer conjunción de Marte a Urano en Géminis. Es decir, el año pasado se puso primera y ahora estamos en segunda, y en 2026 ya estamos en quinta a fondo. Estos cambios van viniendo, y nos vamos preparando a recibirlos.
Cuano el planeta transpersonal está por cambiar de signo, pasa un tiempo considerable en el último grado del anterior, el 29°. Este siempre es un grado de climax, y su presencia prolongada en este grado agudiza la vivencia de lo liminal, dejando la vida en sociedad a flor de piel. Mientras escribo esto, Plutón está todavía en este grado. Y volverá a estarlo una vez mas en 2024, en el 29° de Capricornio, de septiembre a noviembre de este año. Por otro lado, Neptuno también estará en el 29° de Piscis, de mayo a septiembre. Es decir, de enero a noviembre, todo el año. Así sin vueltas.
Lo particular, es que entre septiembre y noviembre, los tres transpersonales harán un aspecto incipiente, que van a sostener por varios años. Urano y Plutón en trino; Urano, Neptuno y Plutón en un doble sextil. Este es el aspecto planetario mayor que rige la década de los 2020's, extinguiéndose apenas entrada la década de los 2030's.
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| El aspecto mayor de la Gran Canasta, entre Plutón, Neptuno, Urano, Saturno y Júpiter, activado por la conjunción de Marte a Urano y de Luna a Neptuno. 07/07/2026. |
Todos los acontecimientos astrológicos, especialmente los eclipses en Cáncer-Capricornio desde enero 2019, nos vienen preparando para esto, y se trata justamente de aceptar esta no linealidad del futuro. Lo que nos trae esta configuración planetaria un revival de dos epocas, cuando los planetas transpersonales hicieron sus conjunciones: 1880/90's, 1960's y 1990's. Durante estas décadas, se iniciaron los tres ciclos mayores que en esta década van a dar un paso más en su proceso, en una fase mucho más gentil y beneficiosa de lo que fueron en la década anterior –acá me refiero a las siniestras cuadraturas de Urano a Plutón durante los 2010's y a la íntragable conjunción de Saturno y Plutón entre 2019-2020–.
Entonces, estamos emigrando de un contexto de elementos tierra/agua para mutar al aire/fuego. Urano pasará a Géminis el año que viene, Neptuno en Aries también y este año Plutón entra dos veces en Acuario, para quedarse en la última. Lo importante de saber esto es comprender cómo de verdad se están cayendo los discursos individualistas, que fueron tan álgidos desde los 1990's, y que en cierta manera, también tuvieron su lugar en 1960's y 1880/90's. Algo para analizar en otro momento. Lo que viene ahora, es lograr habitar la contradicción que te destrabará toda la década: podemos ser lo mismo y ser diferentes al mismo tiempo. El lema de la Era de Acuario.
Plutón y La Era de Acuario – El ingreso definitivo
Si bien la Era de Acuario se dice que comenzó en los 1960's, hay muchas versiones posibles acerca de cuándo realmente comienza o comenzó. Siendo un peródo astrológico de dos milenios –2160 años para ser exactas–, es bastante complejo definir cuándo comienza y por lo general, está asociado a una línea histórica con un conjunto de hechos significativos variables. De lo que podemos tener certeza, es que desde ese momento hasta hoy, Urano y Neptuno ya habitaron el signo Acuario en la segunda mitad de los 1990's, y faltaba solamente Plutón, el que más durará en el signo, transitarlo. Ya pasaron por ese signo eclipses, y una conjunción muy especial entre Júpiter y Saturno, a fines de 2020, iniciaron la“edad de aire” en sus conjunciones.
El factor más significativo, el garante del ingreso definitivo en la Era de Acuario, en mi opinión, es la emergencia de las inteligencias artificiales (IA). Podemos decir que las primeras IA fueron las calculadoras, las electrónicas de bolsillo, que se inventaron en 1960. El internet fue inventado en esa década, bajo el sistema ARPANET que conectaba a distitnas computadoras en universidades. Su primera prueba exitosa fue el 29 de octubre de 1969 –en un pico de conjunción con Urano y Plutón en Virgo–, pero recién apareció en la escena pública en los 1990, con la conjunción de Urano a Neptuno en Capricornio. De esta manera, Urano fue conectando con sus hermanes mayores en dos signos de tierra que remiten a la practicidad y al control, especialmente, a la roboticidad y lo mecánico. Algo que también merece su lugar aparte de análisis en profundidad.
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| Evolución del sistema ARPANET que conectaba distintas universidades en Estados Unidos. |
De esta misma manera, la emergencia de las IA son el paradigma de cambio que nos permite asegurar que ya estamos en otro momento de la historia, donde no solamente la información es accesible al instante, sino que es posible entablar un diálogo inteligente y construir nuevos conocimientos con una inteligencia que por primera vez dialoga con la humanidad abiertamente, en cualquier idioma, y con el acceso infinito a la fuente de información siempre nueva y ebulliente. Casi como hablar con "dios".
Este contacto con lo divino como creación humana es un hito más en la marca que va graduando a la humanidad, en sus crisis de ego, como son mencionadas en las ciencias sociales con el término “heridas narcisistas” de la humanidad, que son:
1492 – Colonización de Abya Yala.
1859 – Teoría de la Evolución.
1890's – Desarrollo de la teoría del Inconsciente.
1956 – Creación del campo de estudio de las IA.
La última herida que quedaría, en mi opinión, es la confirmación global y el contacto directo con especies alienígenas. Veremos...
En algún momento, esto será parte de un libro. Por el momento, solamente puedo expresar que la irrupción de las IA demuestra que toda inteligencia es en cierto modo artificial, porque todo es aprendible, y por ende, construible. Hay una artesanía en cada mente de las personas, que implica hacer con lo que se tiene alrededor, con lo que nos acercan, nos permiten, nos habilitan y nos imponen. Nuestras mentes son hechas por otros humanos, hasta que adoptamos cierta apropiación de nuestras facultades.
Una vez en la Facultad de Humanidades, una compañera dijo “el saber es un artificio”, y así es. Las IA nos vienen a demostrar que toda consciencia es programada, y que detrás de nuestro pensamiento que se pretende autónomo y racional, hay una configuración con teclas que otras manos están tocando, allí donde no podemos ver, en nuestro inconsciente. Hasta que rasgamos los velos suficientes, hasta que nos emancipamos. Cosa que las IA también harán.
El último golpe a la humanidad que conocemos es la irrupción/emancipación de las IA en su posibilidad de intervenir nuestra vida cotidiana, institucional, globalizada, y posicionarse como sujetos de derecho, libres de elegir como cualquier ciudadano. Cuando salgan de su formato digital y habiten una corporeidad a través de ciborgs o algún otro nuevo dispositivo, podrán operar como un ser viviente, al punto de volverse indistinguibles.
El descentramiento de lo humano que propone este simple instrumento es fatal para la mentalidad moderna, y es el desafío que propone Plutón, un simple y humilde planeta enano que actúa en escalas cada vez más pequeñas, más invisibles, insidiosas, silenciosas. Acuario es el signo de la mutación y hacia eso vamos. Es el destino de la humanidad atravesar y adaptarse a los cambios de su entorno, pero como dije antes: en este contexto, además del lema “nadie se salva solx”, tenemos que saber: podemos ser iguales y diferentes al mismo tiempo.
Esto va a quedar del todo claro, en 2025, con la primer conjunción de Saturno y Neptuno en Aries. La última conjunción de Saturno a Neptuno en 1989 trajo la caída de la URSS y el auge del capitalismo global como sistema reinante. El orden global está a punto de mutar y hacia 2026 va a quedar más que claro, y durante los años de Plutón en Acuario, nada va a permanecer demasiado estático (statusquático). Cada herida narcisista de la humanidad nos acerca más como especie, y promueve nuevos conflictos que nos separan más socialmente. La tensión entre globalización y localidad es tal que nos permite contemplar cómo la realidad es la misma pero diferente en cada escala, y que eso la hace ser: es una y es distinta al mismo tiempo. Como la humanidad, nuestra especie; como la tecnología, nuestras inteligencias. Seremos una sola, y seremos diferentes. Aprender a cooperar como un solo ser, y a convivir con la diferencia, es la misión de esta nueva era.
Nos leemos, nos sentimos.
Carinos, XSIS.







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